El drag es una forma vibrante de arte escénico arraigada en la cultura queer negra e hispana/latina, que combina la parodia, el camp y la expresión dramática a través de gestos exagerados, maquillaje y vestuario. Los intérpretes suelen adoptar nombres artísticos que hacen referencia a la cultura pop, marcas de lujo o figuras icónicas, creando así una identidad de marca única. Sin embargo, esta práctica puede derivar inadvertidamente en conflictos legales, especialmente bajo la ley de marcas registradas.
La ley de marcas registradas, diseñada para proteger el reconocimiento por parte del consumidor de bienes y servicios, puede entrar en conflicto con la libertad creativa que es central en el drag. Un nombre artístico, una vez adoptado, puede convertirse en una marca registrada, otorgando al titular derechos exclusivos sobre su uso. Esto genera un potencial de confusión si otro intérprete adopta el mismo nombre, especialmente cuando el público o los recintos podrían confundirlos como si fueran la misma entidad.
El caso de Lexi Love ilustra estas tensiones. La concursante Clair Barnes utilizó dicho nombre en la temporada 17 de RuPaul's Drag Race, solo para recibir una carta de cese y desistimiento de Selena Scola, quien alegaba derechos de marca registrada sobre "Lexi Love". El registro federal previo de Scola, aunque había caducado, fue reactivado en 2025, otorgándole legitimidad legal para impugnar el uso por parte de Barnes. La disputa provocó la suspensión de cuentas en redes sociales, la cancelación de actuaciones y daños reputacionales para ambas partes.
Este conflicto subraya un problema más amplio: cómo equilibrar la expresión artística con las protecciones comerciales de las marcas registradas. Muchos artistas de drag han modificado sus nombres artísticos para evitar infracciones, como Jan Sport pasando a ser Jan o Brita Filter convirtiéndose en Brita. Para otros, el riesgo de litigio puede eclipsar sus carreras, obligándoles a abandonar nombres que alguna vez definieron su persona pública.
Los expertos legales aconsejan a los intérpretes realizar búsquedas de clarificación de marcas antes de adoptar un nombre artístico y considerar el registro federal para asegurar sus derechos, especialmente si planean monetizar su marca mediante mercancía o transmisiones en línea. Aunque la ley de propiedad intelectual protege las obras creativas, una aplicación excesivamente rígida podría sofocar la esencia paródica y cultural del drag. Los tribunales suelen favorecer la parodia en contextos no comerciales, pero a medida que el drag se vuelve cada vez más comercial —a través de giras, contenido en línea y venta de productos—, la línea entre arte y comercio se vuelve cada vez más difusa.